Alta Sensibilidad y Covid

Confieso: llevo meses queriendo escribir un post sobre este tema. Durante meses le estoy dando vueltas y vueltas, procesando todo tipo de información que me está llegando desde muchos países y continentes, de personas cercanas, menos cercanas y desconocidos entre los cuales hay más de uno que admiro por su nivel de conocimiento, moralidad y honestidad. Y os tengo que decir que sigo igual: leo, observo y escucho, no descartando nada, no dando nada por hecho y acogiendo todo desde la perspectiva del beneficio de la duda. Lo que sí he descartado es mirar la prensa con intensidad y menos los artículos de opinión, sin o con un trasfondo claramente político. No tengo tele, o sea, no tengo la tentación de encenderla ni la dificultad de apagarla. Dicho de otra manera: consumo muy poca ‘noticia’ y nada de tertulia. Me dosifico, otorgando más tiempo y espacio a la reflexión. Pues sí, soy PAS y tomo el tema del ‘autocuidado‘ muy en serio.

Dar el beneficio de la duda implica no juzgar. El abanico que se presenta entre las teorías llamadas de conspiración por un lado (entre ellas también veo cómo van de un extremo a otro) y, en el otro lado, intentos de manipulación y de sembrar miedo, es muy amplio. Puedes leer las teorías de las negacionistas, las alarmistas y todos los matices entre un extremo y otro. Es un tema delicado que, según por dónde se encuentran tus ideas, opiniones, creencias y experiencias en este espectro, puede generar reacciones muy emocionales.

Las PAS somos muy emocionales, lo sabes y es una de nuestras características base. Y si el tema de por sí ya es controversial y sensible, es lógico que la gran mayoría de las PAS demuestra reacciones intensas ante él. Muchos sienten miedo ante la inseguridad en general y la amenaza constante de un posible contagio. Y, claro, esto no es todo. Puedes perder el trabajo –muchos ya lo han perdido-, puedes tener grandes problemas con pagar las facturas, el alquiler o la hipoteca o, puedes perder a un ser querido. Miedos como espectros que, si no consigues controlarlos o ponerlos en su sitio, te persiguen como las fantasmas de Halloween o la Noche de Brujas, con la diferencia de que éstas se van y los primeros parecen ganar fuerza en la medida en que te entregas a ellos, posándose como lapas pegajosas en tu piel.

El miedo contagia más que el virus. Es una emoción invasiva que paraliza, que puede generar pánico y ansiedad. Y es cierto, sé de muchas PAS (y no PAS, por supuesto) que sufren de ansiedad y de pánico, y les cuesta encontrar y mantener la calma interior, la serenidad. Demuestran cierta reactividad de cara a opiniones o teorías que no coinciden con lo que ellos han adoptado como verdad absoluta. Personalmente me puedo ‘encontrar’ en muchas teorías y me decanto por ninguno. Soy partidaria de matices y no de extremos o bien, creo que ‘la verdad’ está en los tonos grises, habiendo un mix de todo. Colocándome allí, adoptando una postura, digamos, flexible, me ahorro entrar en miedos ciegos.

Otra cosa, otra ‘truco’, si quieres, para contrarrestar el miedo, es coger responsabilidad propia, contrario a colocarte en la postura de que ‘el gobierno’ o ‘las instituciones’ aportarán la solución. La idea de: ‘dependo de ellos, de sus decisiones y de sus remedios; espero, rezo y ya nos salvarán’. Es la perfecta actitud para no entrar en acción, para no responsabilizarte. Los que me conocéis un poco sabéis que no me conformo con la pasividad y el victimismo.

Me encanta la pregunta: ¿Qué puedo hacer yo? Y siempre, siempre hay algo que puedes hacer. En este caso, aparte de ponerte la mascarilla o tener más cuidado en lavarte las manos (y esto no de manera obsesiva y con sustancias agresivas y tóxicas, por favor) puedes fortalecer tu sistema inmunológico. Un sistema inmunológico fuerte implica un macrobiota sano con una gran, gran variedad de microbios (incluso virus) intestinales. Cuánto mayor la variedad, más capacidad tendrás para combatir los invasores nocivos como, en este caso, el virus que ha revolucionado el mundo, haciéndonos ver que llevamos muchos años comiendo mal y debilitando nuestro sistema inmunológico. O sea, ante la pregunta ¿Qué puedo hacer? tienes una potente respuesta: ¡Cambiar la dieta! Existe mucha información al respeto, pero básicamente se trata de quitar los azúcares, las comidas procesadas, grasas malas (fritangas, por ejemplo), evitar verduras y frutas que pueden llevar pesticidas y herbicidas (matarán los bichitos que queremos cultivar), sino optar por bio en cuanto puedas, introducir smoothies verdes y vegetales de todo tipo y decantarte por una dieta de lo más variado posible. También conviene tener mucho cuidado con los productos de limpieza y de cuidado personal, aquellos que conllevan una larga lista de ingredientes químicos y de perfumes y colorantes (puedes limpiar perfectamente con vinagre y con limón, por ejemplo, y opta por aceites esenciales). Es importante pasar tiempo fuera, en la naturaleza. Es importante hacer ejercicio (también fuera de casa, opuesto a espacios cerrados) y no olvides de beber mucha agua o infusiones. Y esto son solamente unas sugerencias; cualquier mejora que haces en tu dieta y en cuanto en los productos que utilizas, es buena.

Os cuento que empecé con estos hábitos en marzo, cuando el tema llegó a ser noticia. En seguida me hice aquella pregunta (¿Qué puedo hacer yo?) y comencé buscar información sobre nutrición (más) sana y fortalecer mi sistema inmunológico. No recuerdo haberme sentido mejor, más activa y más energética que ahora. Ni más alegre y optimista. El hecho de que soy muy consciente de que me cuido y que la única responsable de mi salud soy yo, me libera del miedo y del parálisis emocional y del pensar. Y añado que soy del grupo de riesgo por edad y por tener una enfermedad autoinmune.

Creo que está en manos de cada uno y cada una empoderarse. No podremos cambiar ‘lo de fuera’, lo que vendrá y lo que sucederá, pero sí puedes responsabilizarte de ti mismx y, a través de la comida, optimizar la salud física y mental. Haciendo ‘algo’, haces lo que estas circunstancias en que de repente nos encontramos, no te afecten tanto y que te aporten la ecuanimidad necesaria para moverte con ‘el flujo’ y seguir observando sin entrar en juicios provocados por miedo e impotencia.

Espero que la idea de empoderarnos os sirva. Evidentemente hay otras maneras de combatir la ansiedad y el miedo, empezando por las herramientas y la actitud interior que encontramos en el mindfulness. También me sirvo de ello, pero lo que más me sirvió y me sirve es cuidar de mi salud física ya que todo el tema gira en torno de ella.

Que quede claro que yo tampoco tengo respuestas y que soy consciente de que mis soluciones me sirven a mí y que no os quiero imponer nada. Todos tenemos que pasar por esto en la manera que sea, y lo único que pretendo con este texto es enseñaros que SÍ hay cosas que podemos hacer, maneras de empoderarnos. Os deseo de todo corazón que estáis bien y sanos, que los vuestros están bien y sanos, y que esta situación no os aporte sufrimiento del tipo que sea. ¡Cuidaros mucho, por favor!

 

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Foto: Anthony Tran

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