Altamente sensible, oír y escuchar; sobre la escucha activa

«Lo más importante en la comunicación es escuchar las cosas que no se dicen”.
Peter Drucker

Oír no es la misma cosa que escuchar. Seguro que ya lo sabías. Aun así creo que no está demás mirar esas diferencias con un poco de atención.

Oír: Oír lo hacemos todos, animales incluidos, y podemos decir que lo hacemos continuamente. Automáticamente, o sea, es algo que hacemos sin poner consciencia. Música de fondo, ruidos del tráfico, las voces de otras personas en restaurantes, oficinas, nuestro oído siempre está activado y siempre estamos captando sonido. Vivimos en un mundo superpoblado y encontrar un lugar donde reina el silencio total es prácticamente imposible. Oímos sonidos, ruidos sin pensar en ellos. Y, menos mal, ya qué, como PAS, seguramente sabes de sobra que si prestas atención a un determinado ruido, cuando empiezas a escuchar esa música irritante del vecino, ésta en seguida eclipsa todo otro ruido y llega a ser imposible de ignorar; es como si se amplificara.

Escuchar: o sea, oír conscientemente, es una de las herramientas más útiles y necesarias que puedes desarrollar como ser humano. Escuchar y hablar son los componentes principales de la comunicación. ¿Por qué escuchas? Escuchas para obtener información, para poder llegar a comprender y aprender, para disfrutar. Escuchas porque algo o alguien te interesa. (Inter-esse es una de las palabras más bellas que conozco. Literalmente significa “ser entre”refiriéndose a aquello que se puede generar entre personas que se inter-esan las unas por las otras).

La investigación demuestra que una persona normalmente recuerda solamente una cuarta parte o un poco más de lo que ha oído. Es evidente que esto vale tanto para aquel que oye lo que tú le estás diciendo, como para lo que tú oyes de lo que otro te comenta. Cuentas una detallada historia – tanto si se trata de algo que hayas experimentado, o de alguna información que quieres compartir – y el otro oye solamente una muy pequeña parte de lo que estás diciendo. Un poco desalentador, ¿no te parece? Por cierto, ¿Quién no conoce esa sensación frustrante de cuando alguien no te está escuchando de verdad? Muchas veces ya lo notas en la manera en que te miran (o dejan de mirarte) mientras que estás hablando, ¿no es así?

 

Aprender a escuchar mejor, ¿cómo se hace?

A lo mejor te extraña cuando te digo que escuchar es algo que empieza contigo mismo. Lo sé, no parece lógico, pero sí lo es. Antes de que puedas empezar a escuchar a alguien, tienes que hacer cierto trabajo personal. Contrario a oír, escuchar es algo que se tiene que aprender. Podrías empezar con un pequeño ejercicio. Busca un lugar, preferiblemente en el exterior, y abre tus oídos. Escucha ese ‘ruido’ compuesto de varios (o muchos) elementos. Un mix de sonidos, una mezcla que proviene de varias fuentes. Ahora viene el siguiente paso: vuelve a abrir tus oídos, pero esta vez intenta distinguir los diferentes sonidos y nómbralos interiormente. Intenta trabajar con cada elemento que distingues (qué es y cómo suena –alto, bajo, agudo, redondo, agradable o no-) y entrégate a ello. Si un determinado sonido tuviera una forma, un gesto, ¿cómo sería? Es un ejercicio que se presta también como meditación activa, ¡pruébalo!

Y ahora la conversación. Una gran parte de la verdadera escucha, también conocida como la escucha profunda, se basa en la concentración. La concentración solamente es posible si sabes frenar tu propio ruido interior. Escuchar a alguien siguiéndole el pensamiento, no es igual a pensar por alguien. Solemos tener un pensar automático, reactivo o asociativo, y la consecuencia es que enseguida que alguien nos cuenta algo, ya le hemos adjudicado un juicio. También puede pasar que en seguida pensamos en una situación más o menos igual que hemos vivido, y empezamos mentalmente a comparar nuestra experiencia con aquella sobre la cual nos están contando. Lo que pasa es que tanto el juicio como el recuerdo se mete entre la otra persona y tú como escuchador… y ¡adiós concentración!

Una tendencia de muchas PAS es que su pensar en seguida se dispara, ya que solemos pecar de ese hábito desagradable de ser demasiado crítico. Es nuestro deseo por la perfección (ojo, nuestra idea de perfección) que hace que no solemos tardar nada en tener una opinión sobre las cosas. O sobre las personas. Sin embargo, aquel que sabe escuchar de verdad, no opina en absoluto sobre nada ni nadie, ya que lo único que hace es escuchar.

O sea, para que la escucha sea verdadera o profunda, lo primero que necesitamos es un cierto nivel de concentración y la capacidad de retener los propios pensamientos. La segunda cosa imprescindible es la capacidad de empatizar con el otro (va sin decir que solamente puedes empatizar de verdad si sabes retener tus propios juicios). No solamente escuchas con auténtico interés aquello que el otro te está contando, las palabras que te van llegando (que en el fondo sería oír) pero intentas penetrar a la esencia del mensaje que te están transmitiendo. ¿Qué es lo que está diciendo de verdad? ¿Cuál es el núcleo de la historia? El gesto, la actitud corporal de la persona generalmente ya te dice mucho, pero también el tono de su voz y su expresión facial juegan un papel importante. Ten en cuenta que, como persona altamente sensible y empática por naturaleza, en principio ya tienes media batalla ganada. Normalmente captamos toda información no-verbal de manera automática y no le damos más atención. Podría ser un ejercicio “inter-esante” de, aunque sea por una sola vez, detenerse en esto de manera consciente para darte cuenta de lo que realmente está pasando en ti, en la otra persona y en ese ‘espacio’ entre los dos.

 

Interrumpir y recapitular

En cierto momento puedes llegar al punto en que, según tu parecer, la historia que estás acogiendo se hace demasiada larga y ya no puedes escuchar más por saturación. (Ya lo sabemos, las PAS nos saturamos antes de que la persona con una sensibilidad normal o media. Cansancio o estrés hacen que te satures antes de lo normal). Si esto pasa, no te queda otra que la de interrumpir de una manera que no moleste –por ejemplo a través de un cambio de postura– para hacerle entender a la otra persona que necesitas recapitular aquello que acabas de escuchar. Este recapitular o resumir tiene dos lados. En primer lugar es una manera de hacerle saber a la otra persona que le has escuchado de verdad y que comprendes lo que te quiere comunicar, y en segundo lugar te ofrece a ti la perfecta oportunidad de ganar un poco de tiempo que utilizarás (a través del resumen) para colocar toda la información recibida. Aparte de cambiar de postura, otra manera de ‘romper el relato’, sería, por ejemplo, aprovechar el momento en que el otro se detiene para tomar aliento, y decirle algo como: “Espérate un momento, quiero verificar si te he entendido bien. Si no me equivoco, querías decir…”.

Este resumir es más importante de lo que a lo mejor suponías. Pregúntate qué te pasa cuando recibes demasiada información… Es un hecho: la persona altamente sensible se satura relativamente rápido. Si llega el momento en que te has saturado, ya no podrás escuchar, sino que empiezas a oír. Te desenganchas. Esto pasa sin que te das cuenta. No lo notas. Y cuando pasa, no solamente puedes perder información importante, sino que también la otra persona puede percibir que ya no estás atento a lo que te está diciendo y esto, según la circunstancia, puede traer consecuencias desagradables. De la misma manera puede pasar que la falta de registrar información, o el hecho que hayas dejado de escuchar de manera profunda, lleve a malos entendimientos y conflictos. “Pero, te dije que…” “De esto no me recuerdo nada. Lo habrás soñado”. Cuando repites al otro la esencia de su mensaje (dando al otro la oportunidad de corregirte si esto fuese necesario) te haces un favor a ti mismo y al otro.

La escucha profunda o activa requiere mucha concentración. Y no solo esto. Tienes querer hacerlo de verdad. Se trata de un acto consciente. Es algo que se suele tener que aprender. Es una actitud interior que se alimenta a través de un auténtico y profundo interés por la persona que tienes delante. Solamente a través de una escucha activa y profunda podrás conectar de verdad con la otra persona. Significa abrir tu corazón hacia el otro, retener todo tipo de juicio o crítica, y estar atenta a que tus pensamientos no se escapen hacia, por ejemplo, tus propias experiencias. Significa otorgarle al otro el espacio que necesita y que se merece.

 

El momento oportuno

Puede pasar que alguien te quiere contar algo, pero que en ese momento no tienes tiempo de escucharle. No dudes en decírselo claramente. No tengas miedo que el otro ya no te encontrará simpático: este miedo es infundado. ¿Os acordéis del artículo, Altamente Sensible y decir ¡NO!? Pues esto. Dile a esta persona cuando te va bien escucharle, y fija una hora. “Me gustaría poder dedicarte todo la atención que te mereces. Quiero escucharlo todo y bien. ¿Puedes mañana? ¿A qué hora quedamos? Así tendré una hora entera para ti”. (¡Poner límites!)

Interrumpir a la otra persona –aparte de cuando lo haces por necesidad de recapitular, o cuando necesitas preguntar algo para clarificar – no suele ser una buena idea. Y lo es para nada para comentarios que van desacreditando el mensaje de la otra persona. “Ah, sí, esto, lo conozco. Me pasó algo por el estilo, incluso mucho peor, cuando…”. “Venga, no exageres, no es para tanto”. “Tienes que verlo más positivo”. “¡Tonterías!” Si haces esto, a lo mejor no has sabido escuchar de verdad… Importante: nunca des tu opinión al no ser que la otra persona te la pida.

 

Resumiendo…

  • Escucha con atención. Mira al otro con una mirada de interés. Frena tus juicios, comentarios y críticas. No prestes atención a otros ruidos (música, tráfico, etc.). Fíjate en las palabras y en el lenguaje corporal del que habla.
  • Haz que sea visible que estás atento a través de una actitud corporal abierta, de asentir con la cabeza de vez en cuando, y haciendo pequeños sonidos de tipo “hm, hm”.
  • Haz un auténtico esfuerzo para comprender la esencia del mensaje. Para esto ayuda la técnica de resumir y de dejarte corregir. Cuando no entiendes algo, pregunta. Cuando quieres profundizar en algo, también, pregunta.
  • No interrumpas al locutor, y menos con tus propios juicios y opiniones.
  • Solamente da tu opinión o algún consejo si el otro te lo pide. Y cuando lo haces, hazlo con mucho respeto y comprensión.

 

Repito, la escucha profunda es algo que hay que aprender, es algo que necesita un trabajo consciente. Intenta practicarlo mucho, no solamente poniéndola en la práctica, sino también escuchando las conversaciones de otros para aprender de ellas. También puedes pensar en conversaciones que has tenido en el pasado y cuando te sentiste realmente en contacto con la otra persona. De la misma manera puedes pensar en una conversación que acabó mal porque alguien se puso defensivo y no se escuchaba de verdad.

En la época de las Fiestas, solemos tener más tiempo para estar con otros, para hablar y para disfrutar de la compañía de buenos amigos y de la familia. Aprovecha esta oportunidad para practicar esta manera de escuchar. ¡Te deseo muchas conversaciones enriquecedoras y mucho “inter-esse”!

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Photo by Anna Vander Stel on Unsplash

One Comment

  • by Carmen Iraola, post on | Contestar

    Me gusto mucho leerlo, porque a mi me cuesta mucho concentrarme ,en escuchar ,no porque no ponga atención… mi pensamiento se va ,desde pequeña

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