Diciembre, el mes más especial del año

Ya ha llegado el mes de diciembre; el mes más especial del año. También es el mes que, por sus múltiples facetas, a muchos PAS les puede provocar estrés y nervios, y que por tanto necesita una planificación exacta para garantizar el disfrute de los días festivos.

Para empezar tenemos la parte festiva con sus comidas, las visitas, la familia y, para muchos, los regalos. Es el lado, digamos, exterior de las fiestas. Este lado conlleva generalmente un sinfín de preparativos como las compras y todo que tiene que ver con la cocina. Quien tiene niños pequeños tiene más trabajo todavía, ya que las vacaciones suelen exigir mucho de los padres por el simple hecho que los peques necesitan atención y tiempo.

Cómo PAS vivo un elevado riesgo de perderme en la parte exterior de las fiestas ̶ los preparativos, la compra, la cocina, las visitas ̶ y tengo que estar muy atenta en cuanto a la distribución de mi tiempo. Hago listas para evitar el estrés, y todo que puedo cocinar antes (y congelarlo) lo hago con un buen margen de tiempo. Porque me es importante tener tiempo suficiente para poder disfrutar de verdad de los días de Navidad.

Luego tenemos el lado que tiene que ver más con el verdadero espíritu navideño ya que, cómo bien sabemos, en realidad no se trata de la juerga, ni del glamour o del brillo. Compartir una comida con la familia, con buenos amigos o con otros invitados en la época de navidad no tiene que ver tanto con qué comemos, o con las cantidades que ponemos en la mesa. Lo que sobre todo cuenta en esos momentos es justamente el hecho de compartir. Digamos que pesa más el estar juntos que los mariscos ̶ si es que hay mariscos. Personalmente vivo esta parte de las fiestas como una combinación entre la faceta exterior y la faceta interior. Es la parte en que se puede experimentar la comunión.

La tercera faceta es la parte que más me gusta. Curiosamente también es la parte que más me cuesta. Me cuesta en el sentido de que tengo que hacer un esfuerzo conciente para poder entrar en un estado interior de reverencia y gratitud.

Os aconsejo de reservar tiempo para una vivencia interior del verdadero espíritu navideño. La mayoría de los altamente sensibles necesitan “comida para el alma”. Para entrar en esa actitud adecuado, en ese estado interior de reverencia y gratitud, os pueden servir preguntas cómo: ¿Es una coincidencia que celebramos navidad en los días más oscuros del año? ¿Por qué adornamos nuestras casas con lucecitas y velas? ¿Lo hacemos simplemente porque es una tradición y porque es bonito? ¿O somos capaces de vivir la llama de una simple vela como símbolo del nacimiento del Cristo? ¿Podemos experimentar la luz como el nacimiento del amor y de la esperanza? ¿Del perdón? ¿De la solidaridad y de la caridad? ¿De la alegría?

Si os apetece podéis hacer la siguiente meditación:
Podemos parar unos minutos en silencio, observando una vela, y nos preguntamos si realmente somos capaces de amar. Qué es amar? Lo sabemos? La esperanza, la esperanza, a qué? De qué? Sabemos perdonar? Somos solidarios, y con quienes? Sabemos realmente lo que significa la caridad? No se trata de sentirnos tristes y melancólicos. Se trata de ver como podemos mejorar. Se trata de ver, con cariño hacia uno mismo, como podemos mejorar como persona. Para concluir la meditación nos podemos imaginar como colocamos la llama de la vela en nuestro corazón, y como, desde allí, irradia hacia el mundo, fijándonos en el calor y en la claridad de la luz. Y lo vivimos como una semilla del día más largo, como una promesa, como la posibilidad de mejorar algunas cualidades anímicas o como la afirmación del deseo de realizar nuestras intenciones para el 2011.

Desde Holanda con sus paisajes nevados os deseo unas fiestas de verdad ̶ que sean bonitas, alegres, enriquecedoras y llenas de luz, de amor y de calor ̶ y un nuevo año en que la sensibilidad os aporte entendimiento y sabiduría.

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