PAS y corazas

Después de cuatro días en El Escorial en relación con las Jornadas anuales de la APASE, después de pisar suelo de granito y sentirlo intensamente, igual de intenso que iba sintiendo el mundo vegetal que crecía sobre él, pensé en la aparente dureza de las PAS de cara a lo exterior y todo lo tierno, emocional y cariñoso que florece por debajo de las corazas que, muchos de nosotros, llegamos a desarrollar.

Cierto, a muchos de nosotros el mundo se presenta como un lugar inhóspito, nada amigable. Percibimos todo tipo de espinas y pinchos en forma de rechazos, mentiras, falsedades y antes de querer o poder enfrentarnos directamente con ello, optamos por ponernos una coraza. Muchas veces llegamos a sentirnos superiores mientras que, en realidad, lo que sentimos es miedo. No disponemos de las herramientas necesarias para poder gestionar aquello que nos parece violento, aberrante, injusto, etcétera.

Las corazas tienen que ver con la infancia. Se desarrollan como fruto de comentarios recibidos, bullying sufrido o bien trauma vivido. Un simple comentario tipo ‘No llores, llorar es de bebés/chicas/débiles/tontos…’ puede ser suficiente para que saquemos el aprendizaje que, ‘Si lloro no solamente no me quieren, sino que encima me ven como…’ Ningún niño quiere sentirse rechazado o condenado, y la mayoría de los adultos también intenta evitar este tipo de dolor.

En el colectivo PAS, por decirlo de alguna manera, hay mucha coraza. Es un hecho de que hay más corazas entre los hombres con alta sensibilidad que entre las mujeres sensibles, ya que llorar es socialmente más aceptado en chicas, igual que mostrar emociones y manifestar una actitud de ‘no puedo’. Lo último evidentemente no quiere decir que son solamente hombres altamente sensibles que llevan caparazón.

Volviendo al granito durísimo y austero en un extremo, y la ternura, flexibilidad y belleza en otro, creo que es importante encontrar un punto medio. Si nos manifestamos hacia fuera como duros, insensibles, superiores y radicales, nos aislamos y vamos perdiendo la posibilidad de realmente conectar con el otro, con los otros humanos a los que necesitamos para poder crecer como persona, para poder compartir y para poder amar. Una excesiva protección en realidad no nos hace más fuertes, sino que interiormente nos hace más sensibles, más quebradizos, más vulnerables. Cada vez soportamos menos aquello que nos hace sentir malestar. Y con esto cada vez nos costará más poder disfrutar de nuestros talentos como PAS. Llegaremos a ser amargados, viviendo desde la queja y la carencia y sintiéndonos solos y abandonados en ese corsé de granito que nos hemos construido como refugio contraproducente.

Sé de qué hablo: he estado allí durante más de la mitad de mi vida y a veces vuelvo a caer en momentos de inseguridad y estrés. Cuando, hace veinte años, descubrí el trabajo de mi querida amiga y mentora Elaine Aron, la vida me colocó delante de un espejo severo y cariñoso a la vez. El conocimiento profundo del rasgo y haber entrado en ese trabajo de autoconocimiento que nunca termina, han sido el gran regalo que la vida me tenía preparado. Entender el rasgo por un lado y ver cómo y de que manera te ha afectado, te permite no solamente descubrir quién eres, sino también –y esto es lo más importante- mostrarte vulnerable y abrazar la niña o el niño que eres, perdonándote a tu misma/o y a aquellos que te educaron y que, generalmente sin ser conscientes, te hicieron daño. Acoger, abrazar, aceptar y perdonar son las acciones que te proporcionarán la verdadera fuerza, esa fuerza viva y vital del mundo vegetal que crece desde y por encima del durísimo e inerte mundo mineral. Hagamos de la fuerza y dureza acorazada una fuerza interior, superando miedos e inseguridades, liberándonos de la queja, de la crítica y del rechazo que nos imposibilitan la capacidad de amar, aceptar y acoger –la empatía– que forma parte de ese ‘paquete PAS’ pero que no siempre llega a manifestarse.

 

¿Qué hacer?

Si eres PAS y te sientes identificado te aconsejo profundizar de verdad en el conocimiento del rasgo. Léete un buen libro, por ejemplo de la misma Dra. Elaine Aron, y empieza un serio trabajo de autoconocimiento, empezando por una revisión objetiva y libre de juicios de tu infancia. Identifica las creencias que te han inculcado, tus miedos y tus vulnerabilidades. Identifica tus talentos y tus sueños. Cuestiónate continuamente sobre lo que piensas y sientes. Obsérvate desde fuera como si estarías mirando una película. Haz apuntes. De paseos para desconectar. Mímate y perdónate. Allí empieza todo, allí empieza ese cambio interior, esa transformación de la coraza, del corsé exterior hacia una auténtica fuerza interior, hacia una autoestima sana que te permitirá ser quien eres para poder desarrollar tu misión vital.

No pierdas más tiempo; las PAS tenemos mucho trabajo por delante para hacer de este planeta un lugar mejor y más humano.

 

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