PAS y el conflicto

Casi siempre es a raíz de una pregunta de alguien sobre un tema en concreto que siento la necesidad de escribir un nuevo artículo. Esta vez pasó durante de la ronda de preguntas después de mi charla en Manacor, cuando alguien abrió ese melón del conflicto y el bloqueo emocional y físico. Ella lo preguntó y la gran mayoría de los asistentes asintió. Vamos a ver, pues.

Algunos de vosotros conocéis esa parte de mi historia personal de cómo descubrí sobre la existencia del rasgo de la alta sensibilidad. Fue justamente a raíz de un conflicto en que alguien me gritó y yo me bloqueé. Ese alguien, mi pareja de entonces, me sugirió que buscara en Internet para ver que me pasaba, ya que bloquearse cuando alguien te ‘habla’, no es normal. Tan no normal es que ‘necesita ayuda psiquiátrica’. Esto pasó hace unos trece años, y gracias a aquel comentario mi vida pegó un giro de ciento ochenta grados. No quiero aburriros con mi historia personal; quien quiere saber más, la cosa está bien documentada en varias entrevistas y en mi primer libro. Lo que sí quiero decir es que el tema del conflicto es uno de varios que tiene mi especial interés. Yo, igual que esta mujer, quería entender por qué me bloqueaba y qué podía hacer para evitarlo.

No tardé mucho en entender el porqué del bloqueo. Si sabemos que, como PAS, recibimos mucho más información a la vez que una persona que no tiene el rasgo, que recibimos datos de muchos niveles y sin discriminar (una vez que entiendes el rasgo y sabes cómo funciona en ti, sí puedes aprender a discriminar todo que te llega), queda claro que el exceso de información que nos llega durante un conflicto, hace que se bloquea la gestión adecuada de la misma y se produce un colapso. Piensa en un embudo en que vas metiendo tanta sustancia que no puede ‘tragarlo’ todo adecuadamente, y se desborda. La información que recibimos no se queda en una serie de palabras. Aparte de las palabras mismas recibimos el tono de la voz y su volumen, la expresión de la cara, los gestos, la emoción ajena y la intención detrás de las palabras. Todo esto es información para gestionar. Y hay más: tu propia reacción emocional, posibles recuerdos que saltan en tu pensar y posibles proyecciones futuras como consecuencia del conflicto. Esto también son datos para gestionar. ¿Te extraña que nuestro embudo personal se desborde?

Y ahora la pregunta, ¿Qué puedo hacer para evitar el bloqueo? Esto ya es más complicado y no es algo que se arregle en un plis. En primer lugar diría: investiga sobre el rasgo y, aparte de reconocerlo en ti, mira cómo se manifiesta en ti. No hay ni una PAS igual a otra y cada uno tiene sus detonantes emocionales particulares. Encontrar esos detonantes es muy importante y requiere un trabajo personal, un trabajo se autoconocimiento. Has de volver a tu infancia para mirar lo que pasó allí, para descubrir esa herida que te impide encauzar bien el rasgo. Generalmente suelen ser comentarios críticos por parte de nuestros educadores, comentarios que nos han hecho creer que ser sensible es un defecto, es debilidad. Es allí que empezamos a suprimir nuestro verdadero Ser, nuestra sensibilidad, para desarrollar una máscara, un personaje del cual tus educadores se podían sentir orgullosos. Es así, todo niño necesita poder contar con el amor y el aprecio de sus padres y maestros. Aquí, en este texto, no hay sitio para profundizar en este tema tan importante, pero podéis leer sobre ello en mis libros. En el contexto de este artículo solamente quiero hacer visible que este trabajo tiene que ver todo con el aprendizaje relacionado con una reacción sana y equilibrada ante un conflicto.

Este trabajo requiere tiempo, a veces requiere mucho tiempo y, en realidad, nunca acaba porque siempre van surgiendo más y más recuerdos. Personalmente creo que es un trabajo muy grato y muy bonito que ayuda a la resurrección de tu verdadero Ser, aquello que tuviste que suprimir en los primeros años de tu vida. El premio de todo esto es que empezarás sentirte cada vez más seguro de ti mismo, la autoestima se va restaurando y tu verdadera luz empieza a brillar. Es un esfuerzo, pero vale la pena. Y mucho.

Mientras tanto sí hay algo que puedes hacer. Un conflicto nunca surge de la nada y casi siempre lo vemos venir. Lo que pasa es que solemos girar la cabeza porque nos queremos ahorrar el dolor y la repetición del patrón del bloqueo. Te aconsejo no entrar en este patrón. Aunque no lo sacas en una conversación con la otra parte, reconoce que hay un tema que, tarde o temprano, va a saltar. Posiblemente no tendrás la capacidad de empezar esta conversación sobre el tema en cuestión (te entiendo), pero sí puedes mirar lo que pasa, puedes mirar los recuerdos que se despiertan y tus miedos de cara a las consecuencias e implicaciones del conflicto. Puedes escribir sobre ello (una muy buena manera de vencer los miedos) y puedes aprender de memoria una pequeña frase que dirás a la otra persona una vez que haya estallado el conflicto. La otra persona no entiende tu bloqueo, y tu callar solamente aumentará su rabia. Esto hay que evitarlo a toda costa ya que hace escalar innecesariamente el conflicto. La frase es:

“Ahora no puedo contestarte; hablamos mañana”.

Tendrás que haber memorizado está frase a tope para que encuentres las fuerzas necesarias que te permiten sobreponerte al bloqueo y decirla. Desde mi propia experiencia te digo que sirve para quitar el veneno del ataque y, encima, hace que puedes retomar parte de tu poder. Y entre ese momento y el día después has tenido el tiempo necesario para vaciar el embudo y sentirte más fuerte. También, y lo recomiendo mucho, te puede interesar el tema de la Comunicación no violenta, una técnica para comunicarte de una manera amorosa y respetuosa, tanto hacia uno mismo como hacia el interlocutor. La idea es la de reconocer las emociones y necesidades de cada una de la partes, y honrarlas.

Ojalá podría daros soluciones más rápidas y más sencillas. No las tengo. Igual la edad que tengas en este momento, has vivido muchos años con tu verdadero Ser relegado al maletero de tu existencia. Encontrarlo, recuperarlo, aceptarlo, honrarlo y amarlo requiere trabajo y tiempo. Lo único que te puedo decir es que emprender este viaje vale la pena y tiene todo el sentido. Al final, solamente siendo y viviendo aquello o aquella que realmente somos y encontrar nuestro propósito, es algo que nos debemos a nosotros mismos y, también, al mundo en el que hemos aterrizado. ¡A por ello!

 

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Imagen: Alex Greene

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