PAS y los juicios

¡Eres torpe! ¡No seas quejica! ¡Tanta susceptibilidad! Eres tonto, ¿o qué? ¡Qué tímido eres! ¡Aguafiestas!

¿Te suena? ¿Te lo han dicho alguna vez? ¿Muchas veces? A mi sí. Si te lo dicen cuando eres niño, el mensaje que te llega es que no vales, que no eres como los demás y que a lo mejor te estás inventando cosas, o sea, que eres un mentiroso.

Muchas veces, cuando somos jóvenes, nos esforzamos por ser como los otros; querer “pertenecer” es una necesidad que vive en el alma de cada ser humano, y pocos se dan cuenta que puedes “pertenecer” incluso siendo un poco diferente. No hace falta ser igual igualito que los otros (aquellos que llevan la voz cantante) para “pertenecer”. Creo que puedes “pertenecer” en el ámbito que sea mientras te aceptes como eres y si consigues reírte de ti mismo y tus “diferencias”. Otra pregunta es si quieres pertenecer a un determinado grupo, pero estas preguntas te las harás cuando ya seas un poco más mayor.

Si te critican por algo que tú vives como una verdad, como tu verdad, por algo que realmente sientes o piensas, esto puede doler. Duele mucho cuando, mediante palabras o gestos, alguien emite el mensaje de que, según él o ella, mientes, que engañas, que quieres llamar la atención. Los juicios que vas recibiendo, ya que este tipo de reacciones se basan en un juicio personal de la persona que la emite- en realidad no son más que una opinión personal de esa persona. Una persona que emite un juicio, lo hace porque no solamente percibe el mundo a través de sus gafas personales -que es algo que todo el mundo hace- sino también porque posiblemente tiene poca empatía o porque quiere demostrar que él es mejor que tú. Emitir juicios es una manera de verte por encima de la otra persona. Si la persona que recibe ese comentario ingrato es PAS y si encima -como la mayoría de las PAS- tiene la auto-estima tendiendo a la baja, suele pasar que lo vive como una bofetada. Una vez más se sentirá incomprendido y bicho raro. Hasta culpable, incluso. Y lo entiendo, claro que lo entiendo. He recibido muchas bofetadas en mi vida, pero dejé de darme por aludida cuando comprendí qué son los juicios, de dónde vienen y por qué vienen. Esto me hace pensar también en un ‘dolor’ muy PAS y muy actual, ese ser ninguneado que puedes sentir cuando alguien no contesta tus mensajes de whatsapp, por ejemplo. Muchas PAS lo toman como un rechazo y hasta llegan a pensar que la otra persona es mala gente sin más. Esto también es un juicio. Mientras que no tengas la certeza que alguien no contesta tus mensajes porque te quiere hacer daño aposta, y no eres capaz de entender que no todo el mundo tiene las mismas necesidades que tu y que no es sano estar siempre disponible, te lo pasarás mal. Llegar a pensar algo de alguien mientras que no dispongas de toda la información, es juzgar en su forma más pura.

Si alguien te dice «torpe», en realidad dice: «No entiendo porque no eres tan rápido como yo; creo que si te dieras más prisa podrías mejorar y ser como yo».

Si alguien te dice «quejica», en realidad te dice: «Esto a mi no me duele, no puedo comprender que tú te sientas molesto».

Si alguien te dice «susceptible», en realidad te dice: «No tengo tantas emociones como tú; no veo donde está el problema; tranquilo y cálmate».

El juicio, que no es una crítica positiva, es sobre todo una constatación de alguien que se da cuenta de una diferencia entre él/ella y tú, y aunque tú lo percibes como un ataque, en el fondo no lo es. Mientras que una crítica a veces es justa, los juicios nunca lo son y en este sentido no tienen que ver contigo.

Me di cuenta del carácter defensivo y engañoso de los juicios cuando empecé a observar mi propio pensar y las cosas que decía. ¡Estaba llena de juicios! Manejaba un repertorio de insultos horribles: inculto, irresponsable, borde, anti-social, necio, agresivo, egoísta… y puedo seguir. Me asusté, de verdad que me asusté de mi misma. Fíjate, estaba sufriendo por los insultos (juicios) que recibía de los otros, ¡pero los míos eran mucho peores! ¿Y qué pretendía con semejante comportamiento? ¡Sentirme mejor! Si conseguía verme moralmente por encima de la otra persona, conseguía sentirme emocionalmente más fuerte y mejor persona. Vaya, qué autoengaño más inútil. Además, ¿qué pretendía con tanta arrogancia? ¿Qué sabía yo de la persona a la que le llamaba de todo? ¿Qué sabía de su vida, de sus problemas, de sus «incompetencias»?

Desde entonces no solamente ya no me afectan los insultos, pero procuro retener mi propia reactividad y controlar mis juicios. No soy un ángel, ni lo pretendo (¡por favor!) pero solamente depende de mí vigilar mis pensamientos. Puedo ser consciente de lo que pienso, quizá no todo el tiempo, pero cuanto más lo práctico, menos me cuesta. Lo que me motiva es que no quiero insultar a nadie; los insultos -los juicios- matan la compasión y el entendimiento mutuo. Por qué me quiero sentir superior a alguien si no lo soy, sino que solamente soy diferente con mis propias cualidades pero también con mis muchas imperfecciones y carencias… igual que la otra persona.

Si tú, querido PAS, como yo, llegas a darte cuenta de la reactividad de tus pensamientos, si consigues corregir los juicios que pueden pasar por allí (y, ¡ojo!, quiero incluir los juicios/insultos que sueltas hacia ti mismo) te garantizo que llegarás a sentirte mucho mejor y serás más comprensivo, mientras el nivel de tu auto-estima irá subiendo. ¿A qué esperas para probarlo?

6 Commentarios

  • by Magali Lizbeth, post on | Contestar

    Hola Karina ,es la primera vez que leo tu blog y realmente me siento comprendida, ya no me siento como un bicho raro ,me siento mejor siendo como soy, gracias por tus palabras.

    • by Karina Zegers de Beijl, post on | Contestar

      Hola Lizbeth, gracias por tu feedback. Me alegro de que mi blog te haya podido ayudar. Un abrazo.

  • by Viviana, post on | Contestar

    Excelente planteo Karina. Muchas gracias por hacerme reflexionar en este punto tan delicado para la convivencia.

    • by Karina Zegers de Beijl, post on | Contestar

      Gracias por tu feedback, Viviana. Un abrazo.

  • by Montse, post on | Contestar

    Tienes mucha razón Karina, todos vivimos rodeados de juicios, propios y ajenos. Los que nos hacen constantemente por sentir así, y los nuestros al ver la poca empatia de muchos. Al final estamos todos en una rueda y es difícil salir.

    • by Karina Zegers de Beijl, post on | Contestar

      Hola Montse, gracias por tu feedback. Con lo que conseguimos controlar nuestros propios juicios, ya ganamos muchísimo, ¿no crees? Por los de los demás no podemos responsabilizarnos, pero en lo que nos toca podemos trabajar. 🙂 Un abrazo.

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