PAS y viajar en avión

A mí me encanta viajar. Como buscadora de sensaciones me gusta planificar un viaje, buscar lugares que me aportan desde mi necesidad de nutrirme con belleza, historia y cultura, naturaleza y calma. Me encanta volar, y aunque también me gusta viajar en tren o en coche, esto, viviendo en una isla, no es tan lógico. Evidentemente, una vez aterrizada en algún lugar que no sea mi isla de origen, suelo seguir viajando en tren o alquilando un coche. Viajar es cambiar de horizontes, es descubrir cosas nuevas, conocer gente diferente y crecer como persona. Pero, tengo que decirlo, viajar hoy en día tiene sus puntos desafiantes para una PAS, sea buscadora de sensaciones, o no.

Entre mi reciente viaje a Madrid con motivo de las VI Jornadas anuales de la APASE, la primera asociación por y para personas con el rasgo de la alta sensibilidad de España que fundé en el 2012, por un lado, y por otro, los vídeos que me mandó mi hija desde el aeropuerto de Palma durante la tromba de agua que causó la inundación de las instalaciones y ver las caras y el pánico de la gente, algunos en silla de ruedas y otros con niños pequeños llorando, me llegué a preguntar por el placer de viajar en estos tiempos para cualquiera y, especialmente, para una PAS…

Ya desde muy pequeña mis padres siempre me llevaron de viaje, luego yo les llevé a mis hijos de viaje y, ahora, de mayor, sigo viajando. Aquello de viajar, y con la familia internacional que tengo, lo llevo en la sangre. Pero, como pasa con todas las cosas, viajar ya no es lo que era. Creo que hay que decir que me encanta viajar, me encanta volar (mi padre era piloto y yo, de pequeña, también quería serlo) pero aquello de coger un vuelo ha perdido mucho del atractivo que antes tenía.

Volar hoy en día conlleva un estrés muy desagradable. Restricciones, saturación in extremis, limitaciones, reglas extrañas, controles innecesarios, colas y más colas, tener que ‘interactuar’ con máquinas para el check-in, ese absurdo control de seguridad en que tienes que depositar tus pertenencias en bandejas hasta, en invierno, quitarte las botas (si viajes en barco o en tren nadie te controla nada y puedes llevarte lo que quieras), y si encima te toca ‘el aleatorio’… Chicos, no sé. No solamente es un empreño de desgaste total, sino que todo el montaje de seguridad está creado para inspirar miedo. El laberinto del duty free, que es obligatorio en muchos aeropuertos como el de Palma, desde luego no es un lugar amigable para PAS: luces fuertes, cientos de productos colocados estratégicamente para captar tu atención y música que no te interesa escuchar generan una ingente cantidad de estímulos que alimentan el estrés de base que ya sentimos por el hecho de viajar en sí. Y gente. Mucha gente. Demasiada gente de quienes vamos captando información sin querer…

Llegué a pensar que el agobio que me produce últimamente el hecho de tener que coger un avión tenía que ver con la edad, pero comentando con otras PAS, alguna bastante más joven que yo, me di cuenta que casi todas, incluso las más extrovertidas, sienten la misma presión, el mismo estrés que yo. No soy la única con la ‘preocupación’ de que mi maleta supera el peso o las medidas estipuladas (diferentes en cada compañía), o que al final deciden que mi equipaje de mano tiene que ir a bodega. ¿Me volverán a quitar la lima de uñas en el control de seguridad? (no lo invento). ¿Habrá overbooking y resulta que mi asiento se vendió dos veces? (tampoco me lo invento). ¿Cambiarán la puerta sin que yo me entero? (Si te ha pasado una vez no te volverá a pasar nunca más). Viajar en avión nada tiene de relax. Nada. Después, en el destino, el estrés continúa: Más kilómetros por andar. Tener que estar muy atenta para averiguar la cinta de equipaje que corresponde con tu vuelo. ¿Está mi maleta? ¿Por qué tarda tanto? Nervios… ¿Será porque mi apellido empieza con Z que mi maleta siempre llega como la última?

Admito que lo que acabo de escribir quizás sea un poco exagerado y no es probable que todos los males descritos te pasarán en el mismo viaje, si es que te pasan. No obstante, pueden pasar, claro que sí, y también es un hecho que hoy en día, coger un vuelo –especialmente en verano- requiere mucha presencia, atención, enfoque y… preparación. Menos mal que sabiendo lo que sabemos sobre las características del rasgo de la alta sensibilidad y sus necesidades del autocuidado, nos podemos ir preparando para evitar que el viaje nos pueda y que nos ponga ‘de los nervios’.

 

Prepararte antes de viajar

Aparte de elegir un destino bien investigado de antemano y asegurarte en la medida posible de que el lugar dónde vas a dormir esté tranquilo (en un hotel puedes solicitar una habitación que da al interior) puedes hacer otras cosas para evitar el estrés in extremis para que prevalezca la sensación de que, de verdad, las vacaciones empiezan en el momento de cerrar la puerta de tu casa. No está en tus manos controlar lo que no depende de ti, pero sí puedes controlar lo que de ti depende para que estés lo más tranquilo posible.

  • Revisa la validez de tus documentos de viaje e imprime tus boarding-pass (o tenlos en el móvil). Yo, como buena PAS, los tengo impresos Y en el móvil, por si acaso.
  • Antes de hacer la maleta, haz una lista con lo que quieres llevar. Si tienes hijos, haz listas para sus maletas también.
  • Si viajas con niños, no te olvides de llevar tentempiés, agua y juguetes en el equipaje de manos.
  • Procura comer bien y dormir lo suficiente la noche anterior.
  • Si viajar en sí te pone nervioso, tómate una valeriana (de las buenas que son de Kneipp) y llévate ‘Rescate’ o Rescue (existe en gotas y en glóbulos).
  • Antes de salir de casa, vuelve a controlar que tienes los documentos que necesitas, ten claro con qué compañía vuelas y cuál es el terminal a dónde tienes que ir.
  • Sal con tiempo. Con tiempo de sobra. Puede haber atascos y retrasos en carretera o en el transporte público. Si facturas equipaje, cuenta con (largas) colas para llegar al mostrador. Prepárate mentalmente a que esto sea el caso, y con suerte es menos de lo que te habías imaginado.
  • Aunque no lo dicen, que sepas que ya puedes llevar líquidos por el control de seguridad. Llévate agua para estar hidratado en cada momento.
  • Si te toca pasar por el duty-free y no quieres comprar nada, pasa rápidamente por esa zona llena de estímulos.
  • Céntrate en ti mismo o en el grupito con que viajas. Evita mirar (en exceso) a otros viajeros. Ten muy claro que, más estímulos iguala a más estrés. Cuanto menos estrés, más relajado podrás estar y más disfrutarás del viaje.
  • La queja también produce estrés. Observa sin involucrarte emocionalmente. Estás aquí porque quieres estar aquí.
  • Si te no quieres que tu maleta pequeña acabe en bodega, colócate con tiempo en la fila del boarding. O gasta un poquito más en lo que se llama ‘priority boarding’;  te ahorras estrés
  • Cuando notas que el exceso de información te está poniendo nervioso, si empiezas a tener la vista borrosa o si notas que se está acelerando la respiración, suelta los hombros, tómate el ‘Rescue’ y respira profundamente y conscientemente.
  • Lleva ropa holgada y cómoda. Es más fácil respirar de manera profunda si llevas ropa que no aprieta.
  • Si puedes, evita viajar en los meses de verano y en las fechas de Navidad y año nuevo. Parece evidente, pero no todo el mundo es consciente de que el turismo excesivo de estas fechas conlleva saturación y congestión de aeropuertos, carreteras, transporte público, etcétera.
  • Date cuenta que viajas porque te gusta viajar. Que coger un vuelo es un medio para descubrir el mundo, para enriquecerte emocionalmente y espiritualmente. Que estar sentado en ‘ventanilla’ te permite disfrutar de las nubes de cerca, de paisajes que se van deslizando por debajo, con sus texturas diferentes y sus colores. ¡El mundo es bello! (A mí me encantan las nubes y sobrevolar el Pirineo y los Alpes…).
  • Siente gratitud por poder viajar en avión, por ese medio que te lleva en poco tiempo al lugar que quieres conocer. Viajas porque libremente has decidido querer hacer este viaje y porque la vida te ha dado la posibilidad de hacerlo. No es poca cosa.

Y por último: os deseo muy buenas vacaciones, igual si viajas en avión, en barco, en tren o en coche. Tener la libertad y los medios para poder desplazarnos es maravilloso. Lo es. ¡Buen viaje!

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Si quieres saber más del rasgo, lo que es y cuales son sus características, si quieres entender por qué te estresas al viajar y porque llegas a ponerte nervioso mientras que otras personas ni se inmuten, igual te interesa leer más sobre este tema. Para ello te recomiendo mi libro, un longseller que ya está en la 17a edición.

Puedes conseguirlo en cualquier librería de España y Portugal, en las librerías Sanborn de Mexico, y en Argentina y el resto de Sudamérica lo encontrarás en la web de la editorial Akadia.

Imagen: https://unsplash.com/es/@jeshoots

 

6 comentarios

  • by Mónica, post on | Reply

    Feliz verano querida Karina, y mil gracias por tus consejos, siempre tan acertados. Mi gran pasión es viajar pero los vuelos últimamente son pesados, incómodos y una fuente de saturación para mí. El avión ha sido mi forma preferida siempre pero la verdad es que todo lo que antecede al embarque me provoca ansiedad y estrés. El tren me gusta como opción pero lo mejor para mí es conducir siempre que no sean distancias enormes. Un abrazo enorme 😘

    • by Karina Zegers de Beijl, post on | Reply

      Hola Mónica! Es cierto, las cosas cambiaron. Más estrés, más prisas, menos espacio entre filas… Antes te daban la bienvenida al bordo, ahora, en la mayoría de los casos, te miran con mala cara. Entiendo que el personal está muy cansado y explotado, ya que sus condiciones de trabajo también han cambiado para peor y el sueldo no compensa. Luego parece que todo el mundo tiene miedo, esos miedos sin delimitar, como generalizados pero dominantes. Igual son restos del miedo de ser contagiado, no sé, pero sí sé que hay menos amabilidad, menos ganas de empezar una conversación, menos sonrisas. En fin, será un conjunto de cosas, pero para mi, donde volar antes tenía un toque de romanticismo, de ilusión, de emoción positiva, ahora es: cuanto antes llegue, mejor (y cruzo los dedos que mi maleta haya llegado también). Ah, sí, a mi también me encanta conducir… incluso si son largas distancias y no por autopista. Me encanta parar en pequeños pueblos, entrar en una panadería, tomar un café en un barecillo simple… En fin. Feliz verano para ti también! Un beso.

  • by Elisabet, post on | Reply

    Genial lectura, reconozco que me encanta viajar, pero me sigue estresando, como el primer día, o incluso más por todas las nuevas reglas, que me hacen entrar en bucle a chequearlo todo una y otra vez..en bucle, si.. Gracias Karina

    • by Karina Zegers de Beijl, post on | Reply

      Gracias, Elisabet, por tu feedback. Ese bucle… ¿Un poco Virgo? Igual ayuda hacer la maleta con más presencia, igual que con el DNI y el boarding pass, ponerlos en su sitio de la mochila o el bolso, haciendo una foto consciente del gesto y como quedan colocados. Da tranquilidad y quita es necesidad de volver y volver a checkear… Un beso.

  • by Martine, post on | Reply

    Muy instructivo y prácticos los consejos para PAS que se han enumerado . Muchas gracias.

    • by Karina Zegers de Beijl, post on | Reply

      Gracias a ti. Un abrazo.

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