Ser madre o padre de niños con alta sensibilidad, ¿fácil o complicado?

Educar a un niño con el rasgo de la alta sensibilidad puede tener momentos preciosos, momentos difíciles y hasta momentos que te superan, pero siempre será diferente. Lo será por el simple hecho de que el rasgo hace que este niño reacciona de manera diferente, de manera generalmente intensa y, más de una vez, en momentos en los cuales esperabas otra cosa y te toca la sorpresa. Ante todo, espero que tengáis claro que tener en tu vida a una hija o a un hijo con este rasgo –algo que ha podido ocurrir porque uno de sus padres, o ambos, también tienen el rasgo- es un gran regalo. Todos los hijos son un regalo, pero un hijo AS quizás lo es un poco más. ¡Nos aportan tanto!

Para muchos, el gran regalo que te hacen, es que, por el interés que pones para entenderle mejor, ¡descubres que tú también eres una PAS, una persona con el rasgo de la alta sensibilidad! Y esto te ayudará a entenderte mejor a ti mismo y, en muchos casos, a reconstruir tu propia infancia y adolescencia ya que, de repente, entenderás muchas cosas sobre ti mismo. El regalo más grande que te aportan es el regalo del autoconocimiento en relación con el rasgo de la alta sensibilidad.

Por características inherentes a los cuatro pilares que definen el rasgo -la manera en que la persona percibe el entorno con esas antenas siempre activas, su tendencia, ya desde muy joven, de reflexionar sobre toda la información que le llega, sus, a veces tempestuosas emociones y su capacidad empática- tendrás un niño que requiere mucho de ti, mucha presencia, mucha atención de verdad, mucho entendimiento y empatía. Fíjate que, como madre o padre PAS, este niño requiere de ti justamente aquello que tú también tienes y que te permite entenderle mejor que nadie. En la medida en que tú empiezas a entenderte mejor desde la perspectiva de una PAS, más fácil te resultará entenderle al peque, conectar con él y establecer ese vínculo especial, tan necesario para que pueda crecer sintiéndose amado y seguro.

Ahora, todo esto no quiere decir que acompañar y educar a un niño con AS siempre sea un camino de rosas sin espinas –espinas saldrán, y menos mal, ya que educar sin desafíos puede parecer ideal, pero realista no es: para crecer hay que salir de la zona de confort.

Nuestra encuesta aportó datos muy esperanzadores en cuanto a la pregunta sobre la dificultad de educar a un niño PAS, ya que algo más de la mitad (52%) contestó que para ellos, educar a un niño sensible ‘a veces’ es difícil, mientras que aquellos que encuentran la educación de su hijo ‘muy difícil y estresante’ no llega a los 20%. Me da mucha alegría ver que un 14% dice ‘disfrutar a tope’ y que un 7% contesta con ‘fácil’. Enhorabuena, vuestras respuestas son muy tranquilizadoras, la verdad.

A lo mejor te preguntas por las dificultades. Las veremos, pero antes me gustaría comentar que ‘una dificultad’ no se refiere tanto al niño mismo, sino a situaciones que se dan, que son el fruto de la interacción entre el niño y su educador y el estado emocional de cada uno – cuánto más cansados, estresados o sobreestimulados están (cada uno por su cuenta o los dos a la vez), mayor será ‘la dificultad’ o la percepción subjetiva de la misma.

Lo último lo vemos muy bien en la opción que más afirmaciones obtuvo: 66% dice que el carácter intenso del niño, su insistencia, presenta una dificultad. Me puedo imaginar perfectamente situaciones en que el niño quiere algo de ti, y no puedes atenderle debidamente por estar cansado, por estar ocupado, por tener que conducir, vamos, por tener la cabeza en otra parte, y el peque, percibiendo tu ‘ausencia’ hace todo lo posible para captar tu plena atención para asegurarse de tu amor. Me hace pensar en esas situaciones que, cuando estás hablando por teléfono, te viene y te pregunta por una chorrada. Os ha pasado, ¿verdad? Entonces sabéis que el ‘Ya voy’ o ‘Déjame hablar un momentito, luego estoy contigo’ no funcionan.

La segunda opción con un porcentaje elevado de contestaciones afirmativas (51%) era, ‘mi propia sensibilidad’; la mitad de las madres o padres que participaron. Y, en este caso, más de lo mismo. La propia sensibilidad hace que muchas veces te sientes cansado, estresado y con mecha corta. Te esfuerzas mucho para estar presente para hacerle caso a tu niño, pero sabes muy bien que no te es posible estarlo del todo porque simplemente te faltan fuerzas y esto -¡qué me cuentas!- te puede generar culpabilidad. Percibes por tus antenas, por tu capacidad de captar sutilezas, que ‘no eres suficiente’, y lidiar con esto no es fácil ya que probablemente te genera preocupación. ¿Sabes qué? Haces lo que puedes, estar cansado y estresado te hace mucho más sensible, y no puedes dar lo que no tienes. Valen más cinco minutos de atención plena que media hora de intentos a medias. Eres humano y llegas hasta dónde llegas. Si quieres saber más sobre este tema, quizás te interesa indagar más en los artículos de mi blog o, también, mi libro ‘Personas altamente sensibles’.

Seguimos. Me quedé algo sorprendida y relativamente tranquila en relación con el número de contestaciones afirmativas, que percibo como proporcionalmente baja, en cuanto a la opción de ‘gestionar rabietas’ (38%). Cómo es un tema que sale a menudo en los correos que recibo, esperaba un porcentaje mucho más elevado. No obstante, se trata de uno de cada tres madres o padres, lo cual, visto así, no deja de ser bastante.

Menor, pero posiblemente porque en la encuesta también participaron madres y padres de bebés que todavía no han pisado el colegio, es el número de ellos que marcan dificultades con el colegio, cómo la falta de comprensión (20%) o problemas en general (23%). Creo que podemos quedarnos con que los padres de uno de cada cuatro niños no están contentos con el tema escolar de su hijo, algo que en si puede ser preocupante.

Es, también, una clara indicación que nos queda mucho trabajo de divulgación por delante. Y en eso estamos…

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Photo by Xavier Mouton Photographie on Unsplash

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